Considero que la expresión "combi asesina" es una expresión totalmente inadecuada pues la couster no es un ente asesino; el verdadero asesino es el chofer que, como consecuencia de su nulo respeto por la seguridad de sus pasajeros, despoja de su vida a una o más personas en un accidente con su vehículo. Es como si consideraramos correcta la expresión "pistola asesina", cuando el único asesino es el individuo que jala el gatillo.
En particular las cousters han resultado ser, cuando se les da un mantenimiento adecuado, vehículos confortables, bastante económicos y muy bien adaptados a las poco bien conservadas pistas de nuestra capital. En ese sentido, con el único ánimo de reinvindicar a este tan menoscabado medio de transporte y de hacer notar a los verdaderos villanos de la película, hago la siguiente analogía.
Las cousters de transporte urbano, que circulan por nuestra pintoresca ciudad capital, son muy similares a los carros alegóricos de que se compone un corso. A continuación, paso a sustentar la premisa que acabo de establecer:
- Las cousters de transporte urbano son conducidas con la lentitud propia únicamente de un corso con carros alegóricos.
- Los choferes de las cousters de transporte urbano hacen caso omiso de toda norma de transporte vigente, como si se tratara de un corso que, por autorización municipal, puede desatender algunas normas pues tienen prioridad de circulación.
- Todo carro alegórico lleva por tradición una reina. De manera similar, las cousters de transporte urbano llevan un cobrador que, cual reina del corso, va saludando con gritos, silbidos y derrama lisura en el sentido literal de la expresión. Además, sabe capturar la atención del público, pero a diferencia de la reina que cautiva por su belleza, él lo logra gracías a su bien desarrollada ramplonería.
- A su paso, los carros alegóricos suelen arrojar papel picado para dar mayor colorido y estimular al público. De igual modo, de cuando en cuando, se abren las ventanas de las cousters y a través de ellas la gente arroja envolturas de galletas, cáscaras de frutas, botellas plásticas, papel higiénico ya servido, boletos y todo aquello que pueda adornar y llenar de color nuestras pistas y veredas.
Díganme si hay o no una extraña e inquietante similitud entre estos vehículos que circulan para beneplácito de los ciudadanos de nuestra ciudad.
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