domingo, 15 de febrero de 2009

NO ES UN CARRO ALEGÓRICO... ES UNA COUSTER DE TRANSPORTE

Como los accidentes de tránsito, en donde participan vehículos de transporte urbano, son moneda corriente en Lima, se escucha muy a menudo en los noticieros -que más que noticieros son crónicas policiales- la expresión "combis asesinas" haciendo referencia a vehículos tales como las cousters, vans y camionetas rurales usadas para el transporte de pasajeros.

Considero que la expresión "combi asesina" es una expresión totalmente inadecuada pues la couster no es un ente asesino; el verdadero asesino es el chofer que, como consecuencia de su nulo respeto por la seguridad de sus pasajeros, despoja de su vida a una o más personas en un accidente con su vehículo. Es como si consideraramos correcta la expresión "pistola asesina", cuando el único asesino es el individuo que jala el gatillo.

En particular las cousters han resultado ser, cuando se les da un mantenimiento adecuado, vehículos confortables, bastante económicos y muy bien adaptados a las poco bien conservadas pistas de nuestra capital. En ese sentido, con el único ánimo de reinvindicar a este tan menoscabado medio de transporte y de hacer notar a los verdaderos villanos de la película, hago la siguiente analogía.

Las cousters de transporte urbano, que circulan por nuestra pintoresca ciudad capital, son muy similares a los carros alegóricos de que se compone un corso. A continuación, paso a sustentar la premisa que acabo de establecer:

  1. Las cousters de transporte urbano son conducidas con la lentitud propia únicamente de un corso con carros alegóricos.
  2. Los choferes de las cousters de transporte urbano hacen caso omiso de toda norma de transporte vigente, como si se tratara de un corso que, por autorización municipal, puede desatender algunas normas pues tienen prioridad de circulación.
  3. Todo carro alegórico lleva por tradición una reina. De manera similar, las cousters de transporte urbano llevan un cobrador que, cual reina del corso, va saludando con gritos, silbidos y derrama lisura en el sentido literal de la expresión. Además, sabe capturar la atención del público, pero a diferencia de la reina que cautiva por su belleza, él lo logra gracías a su bien desarrollada ramplonería.
  4. A su paso, los carros alegóricos suelen arrojar papel picado para dar mayor colorido y estimular al público. De igual modo, de cuando en cuando, se abren las ventanas de las cousters y a través de ellas la gente arroja envolturas de galletas, cáscaras de frutas, botellas plásticas, papel higiénico ya servido, boletos y todo aquello que pueda adornar y llenar de color nuestras pistas y veredas.

Díganme si hay o no una extraña e inquietante similitud entre estos vehículos que circulan para beneplácito de los ciudadanos de nuestra ciudad.

viernes, 13 de febrero de 2009

CON PERROS AL VOLANTE SE TERMINAN LOS ACCIDENTES DE TRÁNSITO

No se me ocurrió mejor tema para empezar las entregas de este blog que con una anécdota de lo más inverosímil, que no hace otra cosa que reafirmar que la madre del cordero de los accidentes de tránsito es la estupidez humana.

Era un sábado y mi esposa, mi hijo y yo debíamos llegar a las 8:15 a.m. a la clínica Maison de Sante del centro de Lima pues teníamos cita con un pediatra. Lamentablemente, vivo en La Molina -y digo lamentablemente porque todo me queda al otro lado del mundo- así que la ruta más adecuada y rápida en auto es por la Vía de Evitamiento, con la consabida colaboración de S/. 3.00 para que el indigente Sr. Castañeda pueda subsistir un día más.

Una vez instalado en el carril de alta de la mencionada vía, respiré hondo y empecé mi eterno ritual de avinagrar mi alma repartiendo improperios -que los niños pequeños recogen y reproducen con una facilidad tal que, queda certificado que la inteligencia humana es un don inapreciable cuando se usa convenientemente-.

Para quienes todavía no se percatan o no han tenido el ingrato placer de manejar por la Vía de Evitamiento, las groserías iban dirigidas a los peatones que, haciendo gala de un grado de estupidez inherente solo a la especie humana -el adjetivo imprudente no les hace justicia para nada- cruzan esta vía sin hacer uso de los puentes peatonales instalados cada 200 m aproximadamente. Y es que esta estupidez no distingue raza, edad, condición social u orientación sexual, pues niños, adultos, viejos, pobres y ricos se confunden, en un ritual que combina alta calificación atlética y una sobredosis de adrenalina propia de deportes de aventura extremos.

Nada de esto sería nuevo, ni valdría la pena comentar, si no hubiese sido porque, a la altura del distrito de Santa Anita, vi una escena digna de un camarógrafo consumado del canal Animal Planet. Mientras manejaba, alcancé a ver 3 perros vagos, en fila india, cruzando por uno de esos puentes peatonales en desuso. Sí, 3 perros y estoy seguro que eran vagos porque no había ninguna persona haciéndose cargo de ellos -aunque después de esta revelación habría que revisar los roles-.

La conducta de estos peatones no puede ser de ninguna manera, calificada de imprudencia por la sencilla razón de que uno puede ser imprudente una y tan sola una vez. Una vez que un ser comprueba o evalúa el riesgo que conlleva un acto imprudente, instintivamente desarrolla un mecanismo que le impide volver a exponerse al mismo acto imprudente. Una evidencia más de este axioma del mundo animal es esta anécdota de los 3 perros y el puente. Lamentablemente, es el ser humano la única especie que no ha podido desarrollar estos mecanismos instintivos y paga caro las consecuencias, a pesar de lo inteligentes que somos.

Los accidentes jamás van a cesar porque la "tolerancia cero" está más preocupada en el estado mecánico de los autos de transporte que en concientizar adecuadamente a las personas sobre nuestra responsabilidad como choferes y/o peatones.

No puedo hacer menos que terminar con esta pregunta que, aunque bastante trillada, sigue teniendo mucha vigencia.... ¿quién es el animal aquí?